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Charly y Tuca: una sociedad punk de 22 años

Si hay un género musical que prende fuerte en Venado Tuerto y es prolífico en el surgimiento de bandas, ese es el punk rock. Al menos fue así en los últimos 10 o 15 años, llegando en la actualidad a contar casi una decena de bandas, integradas por treintañeros, veinteañeros, algunos muy pibes… y un par de cuarentones. ¿Habría tanto punk rock en la ciudad si Charly Oviedo y Tuca Ludueña no llevaran 22 años tocando juntos? Ya sea con la mítica Dilatación Anal, con Treinta Mil Razones y la intermedia y efímera Fuerza Interior, ellos dos siempre estuvieron rockeando juntos, viendo pasar a su lado unos cuantos bajistas y bateristas, porque se sabe que canta Charly y la viola es de Tuca. Así fue en los últimos 22 años, y así seguirá siendo, porque tienen pila para rato.

Charly: Los comienzos fueron bien precarios entre tres o cuatro personas, no había pie de redoblante y usábamos una silla atada con alambre y cosas así, enchufábamos todo en un solo amplificador… un desastre. De a poco se empezó a pulir todo, hasta que cierto día el baterista (que era el Tigre Angelozzi) se compró una batería nueva, una consola con cajas grandes y ahí empezamos a tomarnos más en serio el asunto.

Tuca: Estuvimos años tocando con instrumentos berretas. Hace quince o veinte años era más difícil y tampoco había Internet para bajarte un tema.

En aquel iniáctico 1992, los adolescentes Charly y Tuca empezaron a gestar una banda emblema del punk rock venadense: Dilatación Anal. Cuenta el cantante: “El nombre de la banda no salió tan rápido, empezamos a sacar temas, algunos covers y un par nuestros, pero era muy de garaje, para nuestros amigos que empezaron a presionar para que toquemos con público. Primero lo hicimos con nuestra barra que era muy numerosa, entonces tocamos para unas 50 personas; y ya como Dilatación Anal debutamos en calle Chile, en un recital con amigos donde nos soltamos, sonábamos mejor y teníamos temas propios”. Por la banda pasaron muchos músicos: empezó el Corto Villagra, Fabián Arias, Marcelo Carsolio “Churringa”, pero el que más estuvo fue el Cordobés Armesto, en la etapa más formal de la banda.

 

Con voz propia

Hasta ese momento, hablar de punk rock en Venado Tuerto era hablar de Los Ladillas y Evanol Vencido, pero no había muchos más antecedentes. Por eso el público no era tan numeroso. “Había gente que iba a vernos porque tenía onda con nosotros, porque no había otra cosa o porque estaba caliente con alguna piba de la barra”, admite Charly. Y Tuca agrega: “No tocábamos bien, pero estaba bueno porque la gente te seguía, no había más que un par de bandas. Ibas a un bar y te rompía las pelotas que aparezca un loco tocando un tema de Pappo, uno quería escuchar algo original, una creación del músico que estaba ahí, porque sabía tocar”.

Por eso desde el comienzo Dilatación Anal se caracterizó por hacer temas propios: “Hacíamos uno o dos covers nada más, un par de Comando Suicida, del disco Invasión ’88, y alguno de La Polla Records. Nosotros hacemos un punk oi!, más callejero, que tiene que ver con la movida skin, que comenzó en Inglaterra en base a la integración racial de negros y blancos. Después los nazis se apropiaron del estilo, pero nosotros nada que ver. Son letras contestatarias de barrio, ni muy cabeza ni muy sofisticadas”, define Charly.

El nombre de la banda “salió de un casting de nombres, no se trata de una experiencia autobiográfica ni mucho menos (risas), sino que necesitábamos un nombre transgresor, agresivo y creativo, sin llegar al insulto pero que moleste sutilmente. Y casi nadie olvida ese nombre”, repasa el cantante.

 

Emblemático cassette

Dilatación Anal duró casi diez años, y todavía hay canciones que Charly y Tuca tocan en vivo: Poxi-fantoche y Luces rojas, que “fue el primer tema que compusimos y todavía lo tocamos porque lo piden. Al Tuca no le gusta, pero tenemos que tocarlo”.

Tuca: Inclusive Luces rojas fue el nombre del cassette que editamos, grabado por Tito Ledesma en el viejo estudio Del Altillo. Llevamos una determinada cantidad de plata que habíamos juntado, había detalles que teníamos que volver a grabar y lo tuvimos que dejar como estaba porque no teníamos más guita. Tenía nueve canciones y era tan corto que grabamos todos en el lado A y en el B los repetimos, para que la gente no tenga que rebobinar.

Charly: ¡No me acordaba ese detalle! La tapa toda casera, era un dibujo mío con un patrullero parado, los cuatro de la banda apoyando las manos en el auto y atrás dos policías muy agretas con un bastón en la mano y un perro. Y había un grafiti en la pared, que creo era una ‘A’ anarquista. Y las letras estaban formadas, por ejemplo la ‘L’ era una ráfaga de disparos, la ‘U’ y la ‘C’ eran las esposas.

 

Movida peligrosa

En la década del ’90 en Venado Tuerto el rock seguía siendo un tanto suburbano, tanto es así que “nuestras letras siempre fueron de protesta y justicia social, hablando de cosas concretas. Todavía se respiraba la represión”, afirma el cantante. En esa época se tocaba mucho en la calesita de 9 de Julio y Belgrano, en la plaza San Martín, en el Prado de María y el Centro Cultural. “Eramos chicos y nos invitaban de la Municipalidad e íbamos, pero era gente a la cual uno enfrentaba, estábamos en contra de eso, y con el tiempo no lo hicimos más”, afirma Tuca.

También eran habituales los recitales en el salón del Club Rivadavia, donde venían algunas bandas heavy de Buenos Aires. “Después en algunos bares, uno que estaba en la actual playa de estacionamiento de La Anónima, que se llamaba Patio Casey; en Bordeaux que estaba a la vuelta por Maipú”.

De esa época Charly tiene una anécdota: “Una vez teníamos que tocar ahí en Bordeaux con dos bandas más, yo llegué un poco tarde -porque se me complica para ser puntual- y no había ningún músico. Ya estábamos cerca de la hora del recital y me llamó la atención, fui al minimercado de la vuelta y no había ninguno. Empecé a sospechar que había pasado algo y me dijeron que a los pibes se los habían llevado a todos presos. ¿A cuántos?, pregunté. ¡A todos! (risas). Estamos hablando de unas veinte personas, todas adentro. Al final el dueño del lugar conocía a alguien y pudimos retirar a los músicos aprehendidos para poder tocar”.

 

Fuerza Interior

Hubo un nuevo cambio de músicos y el sonido empezó a volcarse más para el hardcore. Eso fue el final de Dilatación Anal y el inicio de Fuerza Interior, segunda banda que compartieron Charly y Tuca. “Eran temas más prolijos y consistentes, que sonaban más metaleros y duros. Sin embargo, al público no le convencía tanto y a nosotros tampoco, como que era forzado”, admite Charly.

Tuca: En esa época yo había sacado un fanzine que se llamaba Fuerza Interior igual que la banda, finales de los ’90, casi 2000. Salía cuando uno podía, los reportajes se hacían por carta, había intercambio de discos por correo. Por ejemplo el Nekro, que en esa época estaba en Fun People, te enviaba su fanzine y vos le pagabas la estampilla.

 

Pausa en la sociedad

Tuca: En el 2000 yo era empleado de una fábrica, y vino Alfredo Armesto y me dijo: ‘Tuca, ¿vamos a Australia?’. Yo le dije que nos organicemos un poco, estaban echando mucha gente en mi laburo y mandé la renuncia. Pero ya El Pankeke de Elortondo estaba en Estados Unidos y me había tirado de ir allá, porque había mucho arte y mucho punk. Entonces Alfredo me siguió y nos fuimos para allá, nos separamos con Charly que quedó sin banda. La forma de vivir en Gringolandia es jodida, pero yo fui a parar con anarcos veganos y artistas, era copado.

El guitarrista estuvo tres meses, fue a México para armar visa y volvió a Minnesota. “Anduve bastante, conocí bandas y fue una ampliación mental desde lo social y observar otras cosas. Después me quedé un año en México intentando artear”, cuenta.

Mientras tanto en Venado Tuerto, Charly se embarcó en un par de proyectos que no prosperaron en lo musical, hasta que volvió Tuca y se armó Treinta Mil Razones.

 

Razones para rockear

El nombre de la banda “habla de los 30 mil desaparecidos, y por ahí te preguntan por qué razón te ponés a hacer letras de protesta, y nosotros respondemos que tenemos treinta mil razones para hacerlo”, remarca Charly, y Tuca da más precisiones: “El nombre surgió por una bandera de Los Crudos, una banda de latinos chicanos, que decía ‘treinta mil gritos’, y ahí se me ocurrió Treinta Mil Razones”.

Esta propuesta “fue volver al estilo que teníamos al comienzo, pero agregándole una influencia metalera y hardcore, afinando un poco más las letras con una propuesta más adulta”, afirma Charly, por eso hablan de ecología, en contra de las guerras, de la violencia y la explotación del humano por el humano.

Otra vez, cantante y guitarrista vieron desfilar muchos músicos a su lado: El Cordobés fue de nuevo el que más duró en el bajo, después estuvo Goli; en batería pasaron el Tigre Angelozzi al principio, Federico Penacino y Federico Pena los últimos tres años. “Actualmente estamos tocando con Pantano y el Vizco, y nos dicen ‘estos viejos siguen correteando’, y yo siento que tengo pilas para rato”, remarca Tuca.

-¿Siguen siendo punks 22 años después?

Charly: ¡Obviamente! Encaro la vida con esa actitud, aunque en lo musical tengo un lado metalero y hasta me gusta cantar tangos.

Tuca: Si yo entré al punk fue por el costado más combativo, de juntarnos a hablar y compartir. Si vamos a destruir tenemos que definir qué cosa destruir y para construir algo nuevo. Hay que tener un plan.